La adopción empresarial de la IA está avanzando mucho más rápido que la capacidad para gobernarla
Una entrevista a Roberto Fuentes de la cual se desprenden lecciones tan importantes como olvidadas
¿Estamos siendo demasiado optimistas con la IA?
Personalmente, creo que sí. Es una tecnología increíble, pero pienso mucho en que quema dinero a espuertas y en que se equivoca con bastante asiduidad. Por eso, el relato del paraíso (y a veces del apocalipsis, marketing del miedo mediante) es tan jugoso para los actores implicados. Ayuda a vender. No obstante, quien se lo traga sin aplicar criterio corre muchos riesgos.
De esos riesgos me ha hablado Roberto Fuentes. Él me cuenta en esta charla que para implementar la IA en producción es muy importante el gobierno, pero no todas las empresas le ponen el mismo foco. Por un lado, hay entusiasmo, miedo a quedarse atrás, prisa por implementar o FOMO. Al mismo tiempo, la gobernanza no va a la misma velocidad, por desgracia.
Además, se ha atrevido a hacer una predicción que muchos no quieren hacer. No te la cuento, sino que dejo que te la explique él.
¿Cuándo fue la primera vez que la IA te sorprendió de verdad?
La primera vez que me sorprendió de verdad fue con GPT-3. No tanto por la novedad, sino porque vi que era capaz de construir texto coherente, con una fluidez que ya no parecía la de una herramienta tradicional. Ahí me di cuenta de que no estábamos ante una mejora incremental.
¿Qué herramienta de IA usas hoy de forma tan habitual que ya no la percibes como tecnología, sino como parte de tu forma de trabajar?
Pruebo herramientas de IA continuamente y uso algunas de ellas de forma recurrente en mi día a día personal para buscar, filtrar y sintetizar información a gran escala. Y en el ámbito profesional utilizo de forma continua las herramientas corporativas que tenemos disponibles, porque me aceleran mucho tareas muy concretas. Además, por mi rol, necesito estar al día del estado del arte para tener criterio y tomar las mejores decisiones. Esta dinámica se ha convertido en una capa natural de trabajo, casi invisible.
¿En qué tarea intentaste usar la IA y te decepcionó y por qué crees que falló?
En dos momentos clave. Cuando he intentado trabajar con datos que no estaban preparados o eran incompletos y defectuosos. La calidad de salida era muy baja.
Y en segundo lugar, cuando he intentado procesar grandes cantidades de información y cruzar datos y la IA ha alucinado. Es importante trabajar con el contexto adecuado. Demasiado o demasiado poco son dos enemigos.
¿Hay algo que deliberadamente no delegas a la IA, aunque podrías? ¿Por qué?
Sobre todo las tareas críticas, aquellas en las que la respuesta puede derivar en decisiones de mucho impacto. En esos casos uso la IA para apoyar la investigación o acelerar el trabajo, pero estoy muy encima del proceso y de las validaciones.
¿Qué está pasando ahora mismo en el sector que crees que la mayoría de la gente no está prestando suficiente atención?
Creo que mucha gente no está calibrando bien la velocidad de mejora de la IA. Hay cosas que hace poco fallaban, eran imprecisas o poco fiables, y que hoy ya funcionan bastante mejor. Y eso, acumulado en el tiempo, tiene un impacto empresarial enorme. A veces se analiza la IA con una foto fija y te quedas en noticias o artículos que alguien ha escrito en 2024, dando por sentado que son carencias o limitaciones que siguen existiendo hoy. Pero en muchos casos eso es erróneo.
¿Qué narrativa sobre la IA te parece más peligrosa en este momento, la del apocalipsis o la del paraíso?
La del paraíso. Porque genera exceso de confianza. La adopción empresarial está avanzando mucho más rápido que la capacidad para gobernarla. No da tiempo a establecer los mecanismos y procesos adecuados para tener las cosas controladas, lo cual genera cuellos de botella y riesgos que hay que corregir continuamente.
Dentro de cinco años, ¿qué tipo de profesional habrá quedado obsoleto que hoy todavía no se ha dado cuenta?
Todo el trabajo documental más mecánico y repetitivo va a estar muy presionado. Buscar, resumir, ordenar, comparar o producir primeras versiones de documentos ya no va a aportar el mismo valor que antes. No significa que desaparezca todo de golpe, pero sí que una parte importante de ese trabajo va a dejar de justificar por sí sola determinados puestos.
¿Y qué perfil profesional habrá ganado valor de forma inesperada?
El de la persona con conocimiento de dominio alto y capacidad para conectar puntos entre varios ámbitos. Cuanto más fácil sea producir información, más valor tendrá quien sepa interpretar, priorizar, relacionar y dar sentido. Creo mucho en ese perfil que combina profundidad con amplitud, y que puede moverse entre negocio, tecnología, estrategia y ejecución sin perder el hilo.
Una predicción tuya sobre la IA que no te atreverías a decir en público, pero que me dices a mí
Creo que en algún momento la IA va a llegar a ser tan buena en determinadas tareas que va a sustituir a mucha más gente de la que hoy se admite abiertamente. No en todos los trabajos, ni de la misma manera, pero sí en muchas funciones concretas del trabajo del conocimiento. Y probablemente ocurra de una forma más silenciosa y gradual de lo que imaginamos, no como un gran titular de ruptura, sino como una reconfiguración progresiva del valor que aporta cada perfil.
¿Qué consejo le darías a alguien que hoy está empezando a incorporar la IA a su trabajo y no sabe por dónde empezar? Una sola cosa. La más importante.
Que empiece por una tarea que ya domina y que pueda auditar bien. Ese es para mí el mejor punto de entrada. Si no conoces bien el trabajo de base, no sabrás cuándo la IA te está ayudando de verdad y cuándo simplemente te está devolviendo algo coherente pero equivocado. No podrás validarlo.
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Edgar.








