🦁 La vigilancia invisible de Brave
Un informe acusa al navegador del león de sustituir el rastreo de Google por el suyo propio bajo la promesa de la privacidad.
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Aquí Edgar Otero. Esto es La Palabra Clave, una newsletter que llega a tu buzón cada día, de lunes a viernes, para explicarte historias, noticias y tendencias del mundo del software, la IA y las grandes tecnológicas.
La palabra clave de hoy es vigilancia.
La promesa de Brendan Eich en 2015 era seductora: un navegador que bloquea a los rastreadores y desmantela el capitalismo de vigilancia. Siete años y 60 millones de usuarios después, un duro artículo publicado en Cambridge Analytica (ojo, no la consultora difunta, sino un portal educativo sobre privacidad) lanza una tesis incómoda: Brave no eliminó el rastreo, solo cambió al dueño de los datos.
El texto es contundente y habla de una “máquina de vigilancia” propia. El argumento central es que Brave ha perfeccionado el privacy-washing. Mientras el usuario cree que navega en un búnker, el navegador recopila localmente datos sobre nuestra atención: dónde hacemos clic, cuánto tiempo pasamos en una web y qué nos interesa.
⚙️ La trampa del on-device
Brave siempre se defiende argumentando que todo ocurre en tu dispositivo y no en la nube. Sin embargo, el informe señala que esos datos se convierten en tokens publicitarios que se envían a sus servidores para casar oferta y demanda.
Según el análisis, esto no es privacidad real, sino una extracción de comportamiento más sofisticada. Mientras Google sabe qué visitas, Brave Ads (que proyecta ingresar 120 millones de dólares en 2024) necesita saber cómo consumes contenido para vender esos segmentos a los anunciantes. Si el modelo de negocio depende de la publicidad segmentada, la vigilancia es una necesidad técnica, no una opción.
🦊 ¿El refugio está en Firefox?
El artículo apunta a Firefox como la alternativa real para salir de este ciclo. Es cierto que Mozilla no es una ONG: vive en gran parte gracias a los millones que Google le paga por ser el buscador predeterminado y muestra algún contenido patrocinado en sus pestañas nuevas.
Pero la diferencia estructural es clave: Firefox no tiene una red publicitaria propia que alimentar. No necesita construir un perfil de tus intereses para venderlo, porque su negocio no es ese.
Al final, la duda que nos deja este informe es razonable. Hemos aceptado que Brave es el bueno porque bloquea a los malos (Google, Facebook), pero quizás solo hemos cambiado un monopolio regulado por una vigilancia opaca que nos hace sentir bien.
¿Tú qué opinas? ¿Es el procesamiento local suficiente excusa, o nos han vendido la moto con la privacidad? Te leo en los comentarios.
Gracias por leer La Palabra Clave,
Edgar.


