El cambio de mentalidad que propone Aina-Lluna y que pasé por alto: menos herramientas de IA, más criterio
Aina-Lluna Taylor, responsbale de IA generativa de la editorial Planeta, me explica por qué el criterio, el proceso y la responsabilidad pesan más que el acceso a las herramientas
Hay un discurso bastante manido en torno a la IA, a saber, que el gran reto está en la tecnología.
Después de esta conversación con Aina-Lluna Taylor, ya no estoy tan seguro. La tecnología avanza rápido y las empresas ya tienen acceso a ella. Pero, mientras la barrera de la tecnología se ha desmoronado en nuestras narices, la del criterio sigue en pie, alzándose ante nosotros.
Aina Lluna lleva más de veinte años en marketing digital y hoy trabaja al frente de IA generativa en Editorial Planeta. Eso hace que mire este momento con una mezcla interesante de experiencia operativa, visión estratégica y bastante menos romanticismo del habitual.
Después de esta charla, tengo más claro que el criterio humano y el poder de decisión son más importantes que nunca. También me tomo en serio una de sus advertencias: la velocidad del cambio puede pillar desprevenidos a muchos profesionales que todavía creen que esto va más despacio de lo que realmente va.
¡Disfruta de la conversación!
¿Cuándo fue la primera vez que la IA te sorprendió de verdad?
Ya venía trabajando con machine learning por temas de SEO, pero a principios de 2023 salió ChatGPT y poco después liberaron la API de OpenAI. Monté mi primer RAG casero con LangChain, unos cuantos .txt en mi PC, y le pregunté quién soy.
Que un sistema pudiera responderme a partir de mis propios datos, en lenguaje natural, fue inolvidable.
Supe de inmediato que tenía que dejar mi puesto de CMO para dedicarme a la IA a tiempo completo.
¿Qué herramienta de IA usas hoy de forma tan habitual que ya no la percibes como tecnología, sino como parte de tu forma de trabajar?
Claude Code desde la terminal. Poder trabajar con proyectos en mi PC, con memoria de proyecto y flujos de trabajo completos. Desde seguimiento de proyectos al más puro estilo project manager con Obsidian, hasta crear programas que resuelvan el problema puntual al que me enfrento en ese momento, o hacer los PowerPoint mensuales (sí, aún se hacen esas cosas en las corporaciones). Todo desde el terminal. Me parece increíble.
Descríbeme un día de trabajo donde la IA esté presente.
Mi trabajo es formar en IA y transformar parte del negocio con estrategia de IA generativa, buscando mejorar procesos e impactar en resultados. Así que la relación con la IA es diaria.
Pero mi día a día real es este: abro la terminal por la mañana, escribo “buenos días” y se desata todo mi flujo de trabajo personal. Procesar las newsletters a las que estoy suscrita, resumir URLs y vídeos que haya acumulado, ponerme al día con las noticias del mundo (sí, mi mundo no es solo IA) y alimentar el calendario editorial de Think & Hack.
Una vez en el trabajo, el flujo es muy parecido, pero orientado a proyectos. Escribo “procesar” y se procesan todas las notas del día anterior de mi _inbox.md: qué tengo pendiente, cómo van los proyectos, qué tengo que reclamar...
Esos son mis flujos de trabajo diarios con la IA: gestión de contenidos y tiempos. A partir de ahí, lo que surja.
¿En qué tarea intentaste usar la IA y te decepcionó y por qué crees que falló?
Hasta hace relativamente poco, la IA no acababa de trabajar bien con Excels. Tenías que tirar de scripts en Python, y si el archivo era pesado, se inventaba el resultado. Hoy procesa el set de datos completo sin pestañear. Esa barrera técnica ha caído.
Lo que no ha caído es la barrera del criterio. El modelo lee todos tus datos, sí, pero no sabe cuál es tu objetivo de negocio, tu margen ni tu estrategia. Si le pides un análisis de elasticidad de precios sin darle ese contexto, te devolverá un informe técnicamente correcto, pero con conclusiones que no puedes usar. Y si la pregunta es demasiado abierta (“dime el mejor precio para vender”), te responderá, pero en base a nada. La capacidad de procesamiento ya está. Lo que sigue faltando es saber enmarcar la pregunta con el contexto adecuado.
¿Hay algo que deliberadamente no delegas a la IA, aunque podrías? ¿Por qué?
Mis mensajes privados. WhatsApp, Telegram, el contacto con amigos y familia. Para mí eso es sagrado. Esta entrevista, por ejemplo, tampoco. Todo lo que implica relación personal directa, prefiero que pase por mí, sin filtros. Con el riesgo de no expresarme bien, de meter la pata o de que me falte una coma, pero que sea mío.
¿Qué está pasando ahora mismo en el sector que crees que la mayoría de la gente no está prestando suficiente atención?
La gente cree que esto es como la digitalización, que tendrá 20 años para adaptarse. Sam Altman lo dijo hace apenas un mes: “Va a ser un despegue más rápido de lo que yo mismo pensaba. El mundo no está preparado”.
Y a diferencia de internet, donde podías ser pasivo, consumir redes, tener un móvil y punto, aquí la pasividad tiene un coste real. No afecta solo a trabajos de oficina, afecta a todos los ámbitos de la vida. Si tu única relación con la IA es hacerle una pregunta suelta a ChatGPT, vas a perder el control de decisiones que afectan a tu vida personal y laboral sin darte cuenta.
¿Qué narrativa sobre la IA te parece más peligrosa en este momento, la del apocalipsis o la del paraíso?
Las dos. Porque las dos parten del mismo error: proyectar el futuro con las reglas del presente. Solo añaden la IA a la realidad actual y a partir de ahí imaginan, para bien o para mal. Pero nadie se para a cuestionar el marco. Hace tiempo reflexioné sobre esto en un post en mi blog: seguimos pensando que el trabajo es lo que nos da derecho a existir, que la escasez es una condición natural, cuando estamos rodeados de tecnología que apunta justo en la dirección contraria.
La IA no es el problema. El problema es que seguimos organizando el mundo como si viviéramos en el siglo XX. Habría que atreverse a pensar en otro paradigma, no en versiones mejoradas o empeoradas de este.
Dentro de cinco años, ¿qué tipo de profesional habrá quedado obsoleto que hoy todavía no se ha dado cuenta?
Tal como comentaba antes, vamos a ver un cambio de paradigma. Si no se da en cinco años, no será porque la tecnología no esté lista, será porque el Estado esté sosteniendo el modelo actual con pinzas. Si me centro solo en la capacidad tecnológica, sin tener en cuenta el factor humano y social, creo que todos los puestos actuales serán obsoletos.
Cuando hablamos de IA, seguimos teniendo en mente un chat, pero la IA es el motor de la robótica y de los mundos virtuales. Eso aún no ha llegado al público masivo, pero en breve lo veremos.
¿Y qué perfil profesional habrá ganado valor de forma inesperada?
Muchos hablan de la evolución de los trabajos como una continuidad: pasamos de la pluma a la imprenta, de la máquina de escribir al ordenador, y ven el futuro con esa misma lógica. Pero hay un salto que no se está viendo. Delegamos la fuerza a las máquinas. Ahora estamos delegando la inteligencia a la IA. Algunos dirán que nos queda la creatividad, pero es un término tan ambiguo y elitista que no tiene sentido.
Lo que hoy es creativo, mañana no lo será.
El perfil que ganará valor de forma inesperada es el que asuma la responsabilidad de las decisiones. No el que las ejecute ni el que las tome, sino el que diga “esto sale” y cargue con las consecuencias. El valor humano estará en la responsabilidad, no en la capacidad.
Una predicción tuya sobre la IA que no te atreverías a decir en público, pero que me dices a mí.
Que la IA va a quitar mucho trabajo mediocre del camino a muy corto plazo. Y cuando digo mucho, digo más de la mitad del trabajo actual. Ya no tiene sentido ahora mismo. Con la IA y la robótica, mucho menos. Y no es que el trabajo sea mediocre, es que hay personas en puestos donde no se decide nada ni se piensa en estrategia. Solo se está.
Piensa en todos los puestos que existen ahora mismo en el mundo donde nadie se preguntaría qué ha dejado de hacerse si desaparecieran mañana. Esos son los que sobran.
¿Qué consejo le darías a alguien que hoy está empezando a incorporar la IA a su trabajo y no sabe por dónde empezar? Una sola cosa. La más importante.
Piensa en una tarea que haces cada día y que tiene un proceso asociado. Si puedes explicar ese proceso, ya puedes delegarlo. Abre tu IA de confianza y dile: “Quiero incorporar la IA a este proceso. Así es como lo hago hoy. ¿Por dónde empiezo?” Si no puedes explicar el proceso, empieza por ahí. Eso es lo primero.
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Edgar.






